Córdoba a través del arte

Córdoba a través del arte

Identidades compartidas entre las obras de nuestros museos

Museo de Bellas Artes

Museo de Bellas Artes

 Introducción

Partiendo de las necesidades expresadas en sendos artículos previos sobre los Museos de Bellas Artes y Julio Romero de Torres, es preciso redactar una de las muchas opciones interpretativas que nos da este espacio sitio en la Plaza del Potro.

Este antiguo Hospital que actualmente es Museo de Bellas Artes y comparte escenario con el Museo de Julio Romero de Torres, resulta ser significativo en la comprensión de la pintura de la hirientemente desconocida Escuela Cordobesa.

El nivel que sublimó Julio Romero de Torres con su personalísimo estilo, que lo ha convertido en una de las figuras pictóricas más internacionales, muestra, en lo profundo y taimado de su ser influencias directas del ambiente en que creció. Nos referimos a que el genio de nuestros artistas más alejados en el pasado, inundó la vida del artista que es baluarte de la capital cordobesa.

En el particularísimo mundo simbólico de la pintura, surgen, a través de la iconografía y de las composiciones extraídas de una cosmovisón común, producciones artísticas tan respetables a lo largo de la Historia que, bien merecen ser elogiadas, por lo que es legítimo, el interés por mostrar los vínculos que aquellos (los maestros del pasado) y este (el “parnaso” de la pintura) tienen.

Museo Julio Romero de Torres_Manuel Lama_2

Nuestros maestros y artistas

La historia de nuestra pintura comienza cuando al desarrollo normado de los maestros se le añaden las nuevas técnicas y composiciones importadas de otros países de Europa como Italia, Francia y, sobre todo la que en primer lugar detectamos Flandes.

Nuestro Museo de Bellas Artes recoge una muestra representativa del arte y modos de pintar de cada tiempo y que estando muy distanciados en espacio,  tiempo y estilo, pero que mediante símbolos bien delimitados, bien fueron aprovechados por el genio Julio Romero de Torres.

A los polípticos de figuras y ambientes (un poco acartonados propios de nuestra pintura goticista heredada del comercio con Flandes y monopolizada), en lo que a temática religiosa se refiere, imponen sobre el arte lo que llamamos la cosmovisión de su tiempo.

Hospital de la Caridad

Hospital de la Caridad, Cordoba

A menudo se habla de genio principal refiriéndose a los artistas más internacionales como por ejemplo:  Giotto di Bandone, Paolo y Lorenzo Veneziano, Simone Martini, Los Van Eyck, Roger Van der Weyden, etc.  Pero, ¿no es el arte una expresión sujeta a sus propias leyes? ¿No son estas leyes, variables en función del lugar, momento histórico y persona?, ¿aún creemos que todo funciona en torno a la teoría de los estilos?

Es cierto que a veces la humanidad se pone de acuerdo y, en el caso de la pintura medieval y renacentista, la asimilación de técnicas y composición, e incluso, en cierta medida, de gusto, se hace casi  homogénea por la contaminación que produce el contacto mercantil entre países; pero como ya hemos dicho, existen variables que atienden a la personalidad del artista y el gusto del donante o pagador, además de las leyes propias del arte como valor propio.

Por ello reivindicamos las figuras que en materia de pintura inundaron toda Andalucía partiendo desde Córdoba, Figuras estas que el padre de Romero de Torres estudió y enseñó a sus hijos.

Nuestros maestros medievales y del renacimiento, como se hace patente en cada imagen, beben directamente de los modelos italianos y, con los particularísimos ya señalados, quedaron para la posteridad mostrando una rápida evolución. De la torpeza  en el tratamiento de la perspectiva al manierismo de las figuras, y de ahí, al toque dramático otorgado a la pintura del siglo XVII, todo ello casi a la vez, e incluso emergiendo de las manos de un mismo artista… obras que transgreden normas y reglas no escritas, porque el arte es experimento, creación, es, sin duda, emoción.

Aún cuando Julio Romero de Torres comienza a pintar,  Córdoba, que se rinde pronto a sus pinceles, no llega a comprender del todo su obra y, aún después de mucho tiempo no se investigan con franqueza todas sus dimensiones.

Plaza del Potro

Plaza del Potro

Entender la figura de este artista al margen de las vanguardias europeas que inundaban el panorama artístico coetáneo a él es absurdo, pero sí se obvia la capacidad de Romero de Torres de protestar contra un modelo social, utilizando imágenes, figuraciones y composiciones recurrentes latentes en el subconsciente de una ciudad hierática y anquilosada en el reparto de poderes tradicionales, que veía como aquello en lo que creían era utilizado, de una forma que no consideraban apropiada. Pero ya era tarde para ponerle límites al arte.

Amante de la belleza del arte por sí mismo, hombre instruido y versado en las artes, que tuvo la suerte de vivir en un tiempo en que todo intelectual, artista u hombre de elevados ideales buscó la asociación para señalar y remover consciencias.

A lo largo de la historiografía del siglo XX se le ha extirpado el carácter rebelde que mantuvo siempre, tanto así, que podemos observar cómo contraviene el gusto de su padre utilizando tanto para su pintura como para su vida, elementos barroquizantes.

Don Rafael Romero Barros, un ilustrísimo académico de importantísima relevancia en Córdoba -véase su artículo- como buen exponente de la filosofía romántica ordenose contrario a aquel tipo de arte que había dado al traste con las magníficas manifestaciones artísticas del gótico y del particularísimo renacimiento cordobés, mucho más siendo #Córdoba una de las “mechas” del exotismo para la europa decimonónica por su pasado islámico.

En el siglo XXI nuestro laureado artista es patrimonio de nuestra ciudad, siendo de los pocos que en su propia casa triunfan, aquestos, dioses ya, del Olimpo.

Curioso hoy el hecho de un artista que amó Córdoba en todas sus expresiones más allá de los desacuerdos que con su endémica sociedad… sea hoy amado por los cordobeses hasta el punto que en su figura se diluye la línea, esa que tan exquisitamente utilizó para dar rotundidad a su figuras y su estilo, que separa el símbolo , de la identidad que ya no se sabe qué es Córdoba y qué es Julio Romero.

Acaso pudo el artista inventar una ciudad en la que la belleza marcada por la tragedia y la fatalidad inunda sus calles a cada esquina; inventa figuras y recrea espacios que engañan la vista, y nublan el entendimiento de quien sólo ve ojos que le devuelven la mirada.

Y enmarcado en imágenes bellas, ocupando sus diluidos fondos, la ciudad y su historia, en la que su padre está presente con cariño, en la que su magnífico dominio del retrato solo se ve taimado por el valor simbólico de su arte, en el que todo lo negro es fatal, desde los ojos hasta la mantilla, por más que lo suban a un altar.

 Conclusión

Así quiso caminar Julio Romero de Torres con el dualismo entre lo simbólico y lo real, lo sacro y lo profano, desbordado de belleza, pleno de Córdoba, desde sus calles hasta sus pintores.

Pilar de Gabriel

Interpretando.es

Rutas Turísticas/culturales : www.cordobaincoming.com

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