El Alminar de San Juan de Córdoba

Alminar de San Juan

Alminar de San Juan

El Alminar de San Juan de Córdoba.

Si uno prescinde del goteo de coches que la cruza, desde la calle Sevilla a la de Leopoldo de Austria, la Plaza de San Juan es bella en sus contrastes. Su planta triangular comprende la calzada para los autos y un amplio rellano peatonal que se extiende ante la fachada de la iglesia para refugio de paseantes y juegos infantiles. Este espacio también ampara la sencilla cruz de hierro que florece sobre un desnudo fuste de granito, y las parejas de naranjos y de prunos que se alinean ante la fachada del templo.

Lo primero que atrae la mirada del viajero es el alminar de la época califal que se alza vigilante –diez siglos lleva así- al inicio de la calle Barroso.

De estilo califal, presenta una planta cuadrada de 3,70 m de lado, un solo cuerpo de sillares dispuestos a soga y tizón con arcos gemelos de herradura sobre columnillas de mármol con fustes visigodos. Remataba este primer cuerpo una hilera de arquillo califales ciegos, los cuales no son apreciables salvo por las tres columnillas que aún son visibles. La torre tuvo un segundo cuerpo que fue desmontado y sustituido por la cubierta a cuatro vertientes que tiene actualmente.

A pesar del deterioro que presenta, es, tras la mezquita, el mejor exponente de arte califal conservado en la ciudad. Es, además, el único alminar intacto de Qurtuba; el resto, como el de Santa Clara o San Lorenzo o la de la propia mezquita alhama fueron tan modificados a lo largo del tiempo que resulta difícil adscribirlos al arte emiral o califal.

Detalle del capitel

Detalle del capitel

El tejado a cuatro aguas que cubre la torre es desafortunado, por mucho que nos hayamos habituados a su contemplación, pero protege esta ruina arqueológica, de la que da noticia una inscripción colocada junto a su base: “Alminar de una mezquita (obra del siglo X) que fue cedida luego para iglesia de la orden de San Juan de Jerusalén” pese al deterioro originado por los siglos el viejo alminar conserva su poder de seducción arqueológica, y traslada al viajero imaginativo que lo sorprende cuando baja por la calle Sevilla a la remota y esplendorosa Córdoba Califal; tal es el poder evocador que las piedras transmiten cuando permanecen en su contexto urbano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>