Las Ermitas de Córdoba

Las Ermitas de córdoba

Córdoba es una de esas pocas ciudades  del mundo, que se caracteriza por ser especial, por las paradojas que plantea. Por ejemplo es la única ciudad europea que posee una mezquita-catedral, es una ciudad romana vendida como islámica, y que se olvida de que tiene mucho más que una Mezquita-Catedral, por ejemplo las Ermitas de Córdoba

El Desierto de Nuestra Señora de Belén

Elevándonos en el corazón de la sierra, escuchando el silencio, no nos extraña que le llamen desierto. Por contra la naturaleza en su glorioso esplendor, hacen para las Ermitas el entorno apropiado para dedicarse al espíritu.

Nuestra señora de Belén

Una curiosa advocación para un desierto que no es tal, pero haciendo un poco de historia, caemos en la cuenta de que todo obedece a una preciosa alegoría.

Belén es uno de los nombres más antiguos de la Virgen María. Para más casualidad un Obispo cordobés llamado Osio participante en el Concilio de Nicea (siglo IV) trajo consigo el cuadro de  Nuestra Señora de Belén que hoy preside la Iglesia de este conjunto de 13 ermitas.

La Historia ha querido conservar para nosotros este punto importante pero  no sin algunos cambios sustanciales. Las ermitas que hoy podemos ver en la Ruta Cristiana Experience, son producto de una remoción del siglo XX pues a fines del siglo anterior habían quedado en estado de ruina tras la Guerra y las desamortizaciones.

Quizá el cambio más fundamental sea que después de dieciocho siglos de tradición eremítica, de retirada al desierto y del mundo, se extiende de Oriente a Occidente, dando las claves de la espiritualidad que trasciende lo religioso, para convertirse en una filosofía seguida por musulmanes y budistas.

Si recordamos la historia del nombre de Belén que hemos señalado antes y lo unimos a la palabra Desierto llegamos al lugar donde nació Cristo.

Además la palabra Ermitas alude a una tradición cristiana oriental de retiro espiritual, que los primeros llevaron al extremo de subirse a una columna y que con el tiempo dio lugar a la vida monástica.

Está alusión a Oriente se cierra en una maravillosa dicotomía con el nombre que nos acompaña en la subida: El Patriarca – nombre que se le da a los principales de la Iglesia Ortodoxa-.

Para todo creyente -de cualquier confesión- la fe está ligada a la condición del alma y los patrones dogmáticos lo saben bien. Es pues que por ello ayuda al individuo eligiendo lugares elevados, orográficamente hablando, rodeados de naturaleza, pero sobre todos, los Cristianos siempre supieron rodearse de aquello que más une a Dios: Luz y Silencio.

Pilar de Gabriel

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