Gran Teatro de Córdoba: ‘El Malentendido’.Albert Camus.

Gran Teatro de Cordoba

Gran Teatro de Cordoba

Obra: ‘El Malentendido’.Autor: Albert Camus. Versión: Yolanda Pallín.

Intérpretes: Cayetana Guillén Cuervo, Julieta Serrano, Ernesto Arias, Lara Grube y Juan Reguilón.

Dirección: Eduardo Vasco.

Lugar: Gran Teatro de Córdoba(28 de octubre).

Esta obra, junto a El Extranjero ,Calígula y Los Justos , es uno de los ejemplos más claros de la corriente existencialista, de la que fue abanderado Albert Camus. Muestra el vacío existencialista en el que se desenvuelven los personajes, el abandono de Dios a sus criaturas bajo el prisma de un profundo simbolismo filosófico acerca de la existencia humana que inyecta savia nueva al teatro del absurdo.

El montaje que Eduardo Vasco hace sobre el original de Camus utiliza una escenografía mínima y simple, con tres mesas sobre el escenario que componen todos los elementos necesarios para la puesta en escena, desde la cama en la que muere el hijo, uno de los momentos de mayor plasticidad del espectáculo, hasta una especie de altar de dios que es derribado por la hermana de este.

Esta simplicidad hace que toda la fuerza dramática de la sucesión de reflexiones filosóficas recaiga en el texto para centrar la atención y que el público pueda comprenderlas. La buena impresión general del montaje de Vasco empieza a resentirse y los peros comienzan a surgir. Para que este texto complejo y terrible pueda ser asimilado debe primero ser escuchado en toda su integridad, algo que no ocurre ya que en este caso, bien sea por la dicción o cualquier otra razón, la voz se perdía y no llegaba al espectador. El apoyo de la viola y el acordeón como música en directo, así como las proyecciones fijas para evocar la naturaleza y el mar consiguen descentrar aún más al espectador que debe seguir, además, esos diálogos que en muchas ocasiones no oye, tras los desplazamientos de los actores.

El Malentendido habla de la condición humana y narra la realidad de una guerra cruenta que Camus asumió desde la tragedia para reflejar lo absurdo de la existencia. Sus personajes son símbolos traídos para evidenciar el eterno conflicto entre Eros y Tánatos. Todos simbolizan distintos parámetros de la historia (no hay nada nuevo bajo el sol) pero en este montaje todo se queda en el concepto e incluso en la anécdota del concepto.

Actores y actrices están bien pero… Jan, el hijo que regresa y muere, aparece un tanto prepotente y lejano con lo que ocurre y ello evita la empatía con el público. Madre e hija defienden bien sus personajes pero desde una postura de interpretación gris y un tanto plana, con pocos matices en una obra en la que los silencios pueden decir más en la expresión gestual que la ampulosidad, dan la sensación de frialdad, de no arrancar desde el interior más íntimo. La esposa, María, no se sorprende de la muerte de Jan, es como si la esperara. Al criado, personaje fundamental que no dice una sola palabra, le falta presencia; es quien termina la obra con un rotundo “¡No!”: el último símbolo de ese silencio de Dios que flota en la sala como un mazazo devastador y que, sorpresivamente, provoca risitas en el público.

FUENTE: Diario Cordoba

http://www.cordobaincoming.com/

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